“Lo que pienso es verdad”

Todos creemos tener razón en nuestras opiniones y creencias. “Lo que pienso es verdad” nos hace defender nuestras posiciones, y estar en contra de las maneras de pensar distintas. Cada uno se cree portador de “su” verdad. Y si otra persona piensa lo contrario, por supuesto está en el error: no tiene razón.

Por lo general, no somos conscientes de esta creencia. La tenemos tan anclada, que no nos paramos a discutirla. Si alguien nos lleva la contraria, nos produce irritación y enfado. “¡Cómo se atreve!”…

Una fuente de aparente seguridad

Creer que “lo que pienso es verdad” me aporta seguridad. Me creo así un mundo estable, bien conocido por mí. Y además me identifico con otras personas que comparten mis puntos de vista. Pertenezco a un grupo, formo parte de algo. No estoy solo…

Mis razonamientos justifican plenamente aquello en lo que creo. Es lógico, justo, lo mejor… No se puede entender que haya personas que piensen de otra manera. “¿Es que no lo ven?, ¿No se dan cuenta de su error?”

 

  • Mis ideas políticas son las mejores y más adecuadas para el mundo.
  • Mi familia es la mejor. Está llena de buenas personas.
  • Si creo en una religión en concreto, es por supuesto la verdadera.
  • Mi opinión acerca de un suceso dado, es la correcta.
  • El coche que me gusta es el mejor.
  • Mi equipo de cualquier deporte es el que mejor juega y el que se merece ganar siempre.
  • La ropa que uso es la adecuada, no esas “modas ridículas” que usan los demás.
  • Mi país es en el que mejor se vive.
  • El Universo es infinito, o es creado, o no lo es; existe un Dios, o no hay nada y todo es casual, …

Opiniones, creencias, puntos de vista… A veces respaldados con hechos y teorías que se confirman, para que más tarde aparezcan otros hechos que “demuestren” cosas contrarias…

¿Y si no fuera cierto?

No se nos ocurre pararnos a pensar que quizás esta creencia de “lo que pienso es verdad” no sea correcta. Porque, ¿qué pasaría si no fuera cierto?

Aparentemente, el mundo que me he creado y en el que me apoyo, se vendría abajo. Admitir que otros también pueden tener razón, me haría sentir “debilitado”. Si yo no tengo toda la razón, podría significar que vivo una vida equivocada. Y eso me llena de inseguridad y de temor.

Por otra parte, admitir que “lo que pienso es verdad” podría no ser cierto, me abre a nuevas posibilidades. Podría ponerme más fácilmente en la piel de otros, y entender sus propios puntos de vista. Abriría mi consciencia y podría aprender nuevas cosas al admitir distintas posibilidades.

Sin miedo

No tengas miedo a romper tus fronteras. La aparente inseguridad que puedes sentir al hacerlo, al admitir nuevas posibilidades, te va a aportar más libertad y crecimiento.

Abrirte a los demás va a hacer que tu consciencia se haga más global. En vez de mirar el mundo desde tu única posición, elévate y abraza más puntos de vista. Probablemente llegues a conclusiones que incluyan muchas formas de pensar que antes te parecían contrarias y erróneas.

"Lo que pienso es verdad"Hubo un tiempo en el que se creía firmemente que nuestro planeta Tierra estaba en el centro del Universo. Todo giraba en torno a la Tierra. Eso nos hacía muy especiales como seres vivos. Todas las observaciones parecían corroborar esa idea. La Tierra era lo más importante. Todos los demás astros giraban a su alrededor. Y por supuesto, el ser humano era lo más grande de la creación…

Admitir que la Tierra no era sino un planeta más de los que giran alrededor del Sol, y que el Sol mismo no era sino una estrella más entre millones de estrellas, tuvo que crear inquietud en su momento. De repente, ya no éramos el centro del Universo. Sólo éramos una diminuta mota de polvo perdida en la inmensidad del espacio. Perder nuestra “importancia” nos llenaba de temor. Lección de humildad…

Sin embargo, ese conocimiento ha permitido que lleguen otros. Ahora se conoce mucho más acerca del Universo, y se sabe que aún quedan muchos misterios por resolver. Admitir nuestra pequeñez nos permite seguir descubriendo cosas y aprendiendo más y más. La grandeza del ser humano consiste precisamente en esa capacidad de ser consciente de cada vez más cosas. Desde esta aparente pequeñez, poder ser consciente de toda la inmensidad que nos rodea.

Un verdadero espíritu científico

Los científicos suelen caer con facilidad en esta creencia de que “lo que pienso es verdad”. Buscando la “seguridad” de sus teorías, se han empeñado en no ver otras posibilidades. Hasta que ha llegado alguien que ha podido demostrar otra cosa. Entonces, “la comunidad científica” acoge el nuevo descubrimiento.

Un verdadero espíritu científico debería estar abierto a todas las posibilidades que se le presenten. A pesar de que sean distintas a lo admitido hasta ese momento. Mientras no se tengan pruebas irrefutables en un sentido o en otro, lo más adecuado para el científico que busca la verdad, es estar abierto a teorías distintas que pueden aportar algo nuevo.

En la vida diaria deberíamos actuar igual. Si otros tienen otras ideas políticas, quizás haya algo bueno en ellas. Si alguien piensa distinto a mí, o vive según otras costumbres, quizás no esté en el error…

Desde la meditación

Una vez que tomas consciencia de que tus pensamientos no tienen porqué estar en la verdad, te abres a todo un mundo de posibilidades. Ya no tienes que defender a ultranza tu opinión. Puedes escuchar y aceptar la opinión de los demás. Y mejor aún, puedes observarte atentamente y ver qué hilos mueven tus creencias, opiniones y tu forma de ser.

Desde el punto de vista de la meditación, la mejor opción es considerar que tus pensamientos nunca te apuntan a la verdad. Son sólo una forma de ver el mundo, tu opinión. Si fueses otra persona, viviendo en otra cultura, en otra situación, probablemente pensarías diferente.

La meditación es un estado que va más allá de la mente. Por lo tanto trasciende los pensamientos. Te lleva a un estado en el que experimentas la verdad. Más allá de tus pensamientos y opiniones.

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Entiendes que “lo que pienso es verdad” es una falsa idea. Ahora descubres que en realidad, todo lo que puedas pensar se queda corto ante la Verdad.

Logan G. C.

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