Brahmacharya

En la ciencia del Yoga, los primeros pasos, antes de “Asana” o postura, son “Yama” y “Niyama”. “Yama” tiene que ver con una ética o código de conducta. En artículos anteriores hemos explorado los tres primeros “yamas”: “Ahimsa” o no-violencia (ver ahimsa-la-no-violencia) , “Satya” o verdad (ver la-verdad-satya), y “Asteya” o honestidad, no robar (ver asteya-no-robar-honestidad). “Brahmacharya” es el cuarto “Yama”, y probablemente es el que menos se ha entendido o más se ha malinterpretado.

Generalmente, se ha traducido “Brahmacharya” como celibato. En realidad esa no es ninguna traducción, sino la interpretación sesgada y puritana de aquellos que ven un problema en el sexo. “Brahmacharya” va mucho más allá que eso. Incluye el aspecto sexual, pero también lo trasciende. Se entiende mejor desde una verdadera aproximación al Tantra (no desde la versión que se ha popularizado en occidente).

Su traducción

Empecemos por ver cuál es la traducción correcta de “Brahmacharya”. “Brahman” es el Todo, la Divinidad, y “Achara” significa conducta o camino. Por lo tanto, “Brahmacharya” sería la conducta o el camino que lleva a lo Divino, a lo Absoluto.

BrahmacharyaEn el hinduismo se describen cuatro etapas en la vida. La primera de ellas se denomina también “Brahmacharya”, y en este caso se trata de la etapa durante la cual se estudian las escrituras, generalmente con un maestro, antes de la etapa de matrimonio. Tradicionalmente, en esa etapa no se mantienen relaciones sexuales, y de ahí que se haya generalizado como norma del que sigue un camino espiritual.

Si nos ceñimos a la traducción y a una interpretación ajustada a ella, “Brahmacharya” es la consciencia de la Unidad: ver en todo momento, en medio de cualquier actividad, que todo es Uno. Esta visión se ajusta a la esencia del Yoga, del Tantra y de la Meditación. Se trata de hacer crecer la consciencia, de irla globalizando, hasta abarcarlo todo. Desde este punto de vista, “Brahmacharya” es una clave esencial para el Despertar.

El control de los sentidos

Para lograr tener esa visión global, es necesario lograr cierto control sobre los sentidos y la mente. En realidad, este control es producto de las prácticas regulares del Yoga. No se trata de un control represivo sin más. Con las prácticas y el incremento de la consciencia, se entiende de forma natural qué impulsos es necesario controlar y cuándo hacerlo.

Este control de los sentidos incluye la gula, la avaricia, la ira, … No sólo la lujuria, sino que podrían incluirse en la lista los siete pecados capitales que menciona la religión católica (los demás son la soberbia, la envidia y la pereza). Lo importante es no dejarse llevar ciegamente por los sentidos y lo que la mente hace de ellos. Pero eso no impide disfrutar de la belleza, de los alimentos, de los objetos materiales o del sexo. La clave está aquí en el deseo y el apego a todas estas cosas.

Dejarse llevar por los deseos y el apego, conduce a una pérdida de energía y agotamiento, que a su vez lleva a la inercia y al estancamiento. Encierra en un círculo desde el cual es difícil percibir la vida como un Todo. La consciencia de lo Absoluto se nubla con la consciencia egoísta sumida en la dualidad.

La energía vital

El sentido de celibato dado a “Brahmacharya” puede tener su origen en la necesidad de preservar y no malgastar la energía vital. Nuestra energía puede ser malgastada de diferentes maneras. Exceso de movimiento, hablar demasiado, pensar sin control dejando que la mente le dé demasiadas vueltas a las cosas; también la ausencia de movimiento, la mala alimentación, una respiración deficiente; dejarse llevar por emociones como la ira o la tristeza profunda… y, por supuesto, también los excesos sexuales.

Conseguimos energía vital a través de la respiración, de la alimentación, los pensamientos positivos, el Yoga, la meditación y las emociones adecuadas. Perdemos energía vital a través de los excesos y de la falta de control en nuestras vidas. El sexo suele ser una forma de perder energía vital, aunque no tiene porqué ser así. Pensar demasiado en sexo, obsesionándose con él, y la eyaculación en el caso del hombre, causa una gran pérdida de energía.

La forma más sencilla de evitar esa pérdida, es el no eyacular, y para ello, abstenerse de sexo y de pensamientos que conduzcan al sexo. El problema es que esto lleva a la represión, y toda energía reprimida va a buscar “escaparse” por algún otro medio. O terminará “estallando” de alguna manera.

La vía tántrica

Existen otros medios. Primeramente, ser conscientes de que la pérdida de energía puede ocasionar otros trastornos físicos, mentales y emocionales. Y a continuación, evitar la excesiva pérdida de energía limitando las veces que se eyacula.

En el Tantra, la relación física sexual se transforma en una meditación a dos. Para ello es necesario tener una pareja estable. El verdadero amor es la base adecuada. Desde él, en la unión física se busca, además del placer, una unión más profunda. El orgasmo puede llegar, pero no es el primer objetivo. Y la eyaculación se puede reservar, transformando la energía seminal en energía espiritual.

El celibato sin represión puede ser un camino. Pero no excluye que existan otros, como el Tántrico, en el cual la propia unión física se convierte en un camino.

El verdadero sentido de Brahmacharya

Atendiendo a su traducción, hemos visto que “Brahmacharya” es la consciencia de la Unidad; ver en todo a Brahman, lo Absoluto.

Desde esta visión podemos elaborar nuestra práctica. En todo lo que hacemos, ver lo Absoluto, lo Divino. Ser consciente de que tu cuerpo es Brahman. Las otras personas son Brahman interactuando contigo. El mundo que te rodea es Brahman. Los alimentos que ingieres, el aire que respiras, todo es Brahman.

En todas tus relaciones, te estás relacionando con Brahman. Especialmente durante la relación sexual, tú y tu pareja sois Brahman.

Viviéndolo así, irás más allá del deseo, de los apegos y aversiones. Tu consciencia de Unidad se incrementará y te acercarás al gran Despertar. Pues en eso consiste precisamente: en darte cuenta, plenamente, de que todo es Brahman, lo Divino, lo Absoluto, en un “juego” impresionante de manifestación pluralista de sí mismo.

 

 

Logan G. C.